2 de jul. de 2011

Detención de un insumiso en Huesca en mayo de 2011

CONTENIDO INTEGRO DE LA RUEDA DE PRENSA TRAS LA DETENCIÓN DE UN INSUMISO EN HUESCA EN MAYO DE 2011

10-06-2011 DONOSTIA/SAN SEBASTIAN

Tres personas que fueron miembros de la Koordinadora Antimilitarista Kakitzat de Gipuzkoa en los 80/90 han denunciado mediante Rueda de Prensa la reciente detención el 28 de mayo de 2011 de un insumiso vasco en Huesca.

Como miembros en su momento del movimiento antimilitarista queremos denunciar este hecho, que constituye el segundo caso que sucede en esa zona: el 1 de abril de 2010 otro insumiso que participó en la campaña de Insumisión en los Cuarteles fue detenido en una situación similar.

La detención de mayo de 2011 tuvo lugar hace quince días en un hostal de la localidad de Aisa (Huesca): el insumiso se encontraba alojado junto con su mujer y su hijo cuando, a las dos de la madrugada, tocaron a la puerta de su habitación dos guardias civiles que lo detuvieron sin explicarle el motivo del arresto: fue conducido a la comisaría de Jaca, donde pasó doce horas en un calabozo hasta que tras las protestas de los familiares el juez de guardia de la citada localidad lo dejó en libertad al no encontrar motivo alguno para su detención.

La orden de detención fue emitida en Ceuta en 1997, pero fue en 1991 cuando el insumiso no se incorporó al Servicio Militar en esa localidad, y el juicio por esa causa se celebró en la Audiencia de Donostia en 1996, donde fue condenado a un año de cárcel, que no tuvo que cumplir. Creemos que es denunciable el hecho de que 10 años después, todavía circulen por cuarteles y comisarías ordenes de “búsqueda y captura”, cuando ya han sido cerradas las causas por las que fueron juzgados y condenados: la insumisión dejó de ser delito en el Código Penal en 2001, pero esta detención evidencia que todavía las personas que se negaron a acudir al Servicio Militar Obligatorio o a cumplir con la Prestación Sustitutoria pueden tener problemas legales que pueden conducir a una detención. Cientos de personas podrían encontrase en la misma situación.

Creemos necesario informar a esas personas que  participaron en la campaña de insumisión, para que si lo consideran necesario se muevan para solicitar la anulación de los antecedentes penales y las órdenes de “busca y captura”, pero sobre todo exigimos a las instituciones políticas, judiciales, policiales y militares que revisen los procedimientos pendientes para evitar que estos casos se repitan. Esto es, la carga de responsabilidad para evitar estos hechos no reside sobre los insumisos, sino sobre las instituciones que deben evitar situaciones injustas y desagradables como la de las personas detenidas recientemente. Muchas antimilitaristas se reafirman hoy en día de mil maneras en su desobediencia a los ejércitos: acciones directas en instalaciones militares (por ejemplo la inspección ciudadana de la base de la OTAN de Bétera en Valencia, o las acciones en el Gobierno Militar de Bilbao), marchas contra los polígonos de tiro como las Bardenas, denuncia de las fábricas implicadas en suministrar armas tanto a Libia como a la OTAN, criticando el gasto militar mediante objeción fiscal …. Las y los antimilitaristas han asumido siempre las consecuencias de sus actos, pero actualmente no es justo que los insumisos puedan sufrir las consecuencias de los errores de las Instituciones.

La mayoría de la sociedad nunca consideró delito la insumisión, y no dejaremos que vuelva a judicializarse una cuestión que tiene que ver con la libertad de conciencia y la demanda de desmilitarización social.

No deja de ser curioso que 10 años después de dejar en suspenso la mili, algunos de los protagonistas de acabar con aquel anacronismo histórico, que junto con otros miles de hombres, mujeres y movimientos sociales impulsaron la campaña de insumisión, sigan padeciendo las consecuencias de su actitud. Y queremos dejar claro una cosa: qué si hoy no existe el SMO, no fue por una gracia de los gobiernos de turno, sino por la lucha que impulsó el movimiento antimilitarista mediante la objeción en los 70/80 y la insumisión en los 90, plantando frente a los gobiernos de turno y a la institución militar.

Ante las celebraciones hipócritas del fin de la ”Mili”, queremos recordar también a los jóvenes que murieron cumpliendo el Servicio Militar, víctimas de accidentes, malos tratos, abusos de sus superiores, suicidios… y a los que sufrieron humillaciones, tanto de mandos militares como de “compañeros” de quinta.

LA “MILI” NO SE ABOLIÓ, ESTA EN SUSPENSO

Es lógico pensar, que no iba a ser el Estado, el que reconociese que tuvo que ceder ante una presión que nunca supo manejar. La versión oficial insiste machaconamente en que la reforma de las FAS fue producto del nuevo papel que el Estado Español empezaba a jugar, por aquel entonces, en el escenario internacional, lo cual exigía unas FAS volcadas hacia la intervención exterior. Y ello requería de un ejército moderno, tecnológicamente desarrollado, etc.. En una palabra, “profesional”. En ese esquema la “Mili” era un obstáculo para avanzar hacia ese modelo.

Y algo de verdad existe en ese planteamiento. Pero aún reconociendo, sólo es una parte, parcial e interesada de la historia, que intenta además minimizar el peso de la contestación social.

Entre un sin fin de argumentos antimilitaristas, podríamos destacar que bastantes países europeos asumieron ese “rol” sin variar su sistema mixto, esto es, manteniendo la conscripción y organizando cuerpos “especiales” para esas funciones, como de hecho lo estaba haciendo el gobierno español. Por otro, el fin de la “Mili” llegó muy a pesar de la especial idiosincrasia del ejército español: viniendo de donde venía, para el cual la “formación” de la juventud en los valores castrenses y patrióticos mediante la “Mili” era una seña de identidad y una función “vital”, a la que buena parte del estamento no estaba dispuesta a renunciar.

Fue, y a estas alturas todavía hay que decirlo alto y claro, la presión social impulsada por la campaña de insumisión la que obligó a un cambio de modelo, y en definitiva libró a la juventud de esta obligación militar.

Curiosamente al cumplirse diez años del decreto que adelantaba la “suspensión”, ve la luz un real decreto (el 383/2011), el Reglamento de Reservistas de las FAS, que mantiene la posibilidad de reinstaurar el SMO si las necesidades de Defensa así lo requirieran. Dicho servicio sería obligatorio para hombres y mujeres de entre 19 y 25 años (según necesidades), y aunque reconocería la objeción de conciencia, el ministerio de defensa obligaría a incorporarse a estos, a organismos dependientes del mismo que no requirieran el uso de armas de fuego, pero englobados en la estrategia de Defensa. En su caso, sería el gobierno mediante Real Decreto y previa autorización del Congreso el que establecería el cupo, las condiciones y el tiempo de duración de este nuevo SMO.

Todo un paso... atrás

Es evidente que no parece que en el panorama inmediato se pueda producir una situación de este tipo, pero no podemos menos que alertar de su existencia de cara al futuro, y creemos necesario luchar contra esta nueva forma de militarización social.

TRAS 10 AÑOS DELFIN DE LA “MILI”,: NI OBLIGATORIO NI PROFESIONAL, ABOLICIÓN D ELOS EJERCITOS Y DESMILITARIZACION SOCIAL.

Las recientes detenciones de insumisos son una pequeña muestra de militarización social, pero las verdaderas víctimas de esa lacra son las miles de personas involucradas en las guerras, y es necesario movilizarse contra los que la utilizan la vía militar para imponer sus intereses, incluyendo a los que lo hacen bajo el disfraz de las “intervenciones humanitarias”.

Denunciamos a la industria armamentística y al gasto militar, mucho más hiriente hoy en día cuando se recortan derechos sociales. La “Mili” sólo fue una parte de la militarización, y animamos a la ciudadanía a participar en todas las campañas antimilitaristas. Reivindicamos la labor de grupos como KEM/MOC, Kakitzat, Gasteizkoak, Alternativa Antimilitarista/MOC , Centre Delàs d’Estudis per la Pau , Mujeres de Negro … y otros tantos grupos que continúan trabajando por una verdadera desmiltarización social y por la resolución noviolenta de los conflictos.